La raíz cuadrada
Conocí una vez una mujer quien, toda emocionada, me hablaba de las culturas indígenas de la Patagonia, y en particular de los mapuches. Extrañado, le pregunté por qué le interesaba tanto el tema, y me respondió: «porque ellos son mis raíces». Siendo que ella tenía ascendencia española, alemana y guaraní, no hubo forma de hacerle entender que mapuches y guaraníes no tienen nada que ver, y que es lo mismo confundir mapuches con guaraníes que confundir franceses con polacos (quienes curiosamente sí tuvieron algo que ver entre sí porque Polonia fue una vez gobernada por un francés). Por todo lo que sabemos, si guaraníes y mapuches se hubieran conocido en épocas anteriores a la dominación europea, se habrían matado a flechazos.
Se nos mezclan las miradas. Unir a guaraníes y mapuches es un vicio que nace de mirar a ambas culturas con el mapa de la dominación europea en mente. Es decir, lo único que unió a esas culturas fue precisamente la línea de tinta dibujada sobre un mapa por una pluma española (los guaraníes se vieron afectados también por los portugueses, pero los mapuches no). Asociar unos con otros hasta podría llegar a ser ofensivo.
El típico porteño tiene más que ver con los españoles y los italianos (es decir, con la cultura europea) que con cualquier cultura indígena del continente americano. Por más que a algunos esto les llene de culpa, tenemos más que ver con la música clásica, la ópera o la zarzuela que con el carnavalito. Aunque por supuesto hay muchísimos habitantes de Buenos Aires con verdadera ascendencia indígena y, quién sabe, alguno tendrá un abuelo mapuche y una abuela guaraní.
Incluso tomando la expresión «raíces» en un sentido amplio, muchas de esas culturas (como la Mapuche) han tenido poca o nula influencia en la idiosincrasia del porteño actual. Es verdad que la cultura del porteño es compleja y se alimenta de muchas fuentes, pero estoy seguro de que las europeas son claramente predominantes.
Por supuesto, esto no implica que uno no pueda apreciar las culturas que habitaron y aún habitan la región que hoy llamamos Argentina. Tengo una amiga con ascendencia holandesa a la que le interesa mucho la cultura mapuche y aprendió a amarla, pero no la he oído decir que ellos «son sus ancestros». También es sano conocer y respetar esas culturas que conviven con la propia y forman parte de la estructura política y social que llamamos nuestro país. Incluso se puede llegar al extremo de adoptar la cultura ajena por convicción (como quien se convierte a una religión), pero eso sería siempre y cuando se haga conociendo realmente dicha cultura, y no una idea romántica idealizada que nos hicimos de ella.
Es innegable el destrozo cultural y humano que hicieron los europeos al plantarse en América, y eso genera mucha culpa a aquellos de sus descendientes con algo de conciencia al respecto. Eso no se puede deshacer de ninguna manera, ni siquiera pretendiendo reivindicar el valor de esas culturas; el que tienen y el que no tienen. Los indígenas no necesitan que además les endilguemos el quiénes somos: nuestras raíces son las que tenemos, no las que quisiéramos tener. Podemos honrar nuestras raíces si nos gustan, o reprobarlas completamente, pero me parece un poco tonto honrar raíces ajenas pretendiendo que fueran las nuestras.
Escrito por torpe el 11/07/2009 a las 10:43 hs.
julio 12th, 2009 a las 02:59
Muy buena la nota, sobre todo lo de tu amiga con descendencia holandesa, jajaja (soy yo).
Aquí en el sur, es mas fácil encontrar verdaderas raíces mapuches, y algún que otro descendiente tehuelche. Pero, no eran lo mismo??? No, en este caso tampoco son lo mismo, aunque tienen mas en común que mapuches y guaraníes. Besos y saludos desde Trevelin.
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