Cerebro y psicología (I)
Agregué (I) al título de esta entrada con la esperanza poder escribir alguna vez la (II) y más.
Siempre he querido comprender el funcionamiento del cerebro. Desde los trece o catorce años, en que creí haber entendido intuitivamente cómo funcionaba una neurona (y al menos en parte así fue), el misterio de la mecánica cerebral y sus implicancias me ha fascinado. Corre el año 2010 y la ciencia todavía intenta responder a mi pregunta, así que me siento libre para especular a mi gusto. Con esta entrada voy a comenzar una serie de libres divagaciones al respecto que no tienen pretensión de veracidad pero que espero apunten en la dirección correcta, y por lo menos den algo en qué pensar. A partir de aquí voy a hablar de mi percepción del funcionamiento del cerebro, la que por supuesto va a tener muchos puntos en común con algunas teorías existentes. Me voy a extender bastante, ya que necesito exponer todo el contexto para clarificar mis ideas, así que… ¡aquí vamos!
No creo en la magia. Especialmente no creo en la magia de la Naturaleza. Para mí, la evolución es el resultado del azar y la selección natural a lo largo de millones de años. Y en esto incluyo al cerebro humano. Si algo nos diferencia de los animales, ese algo es muy sencillo, mínimo, una nimiedad. Todavía no sé qué, pero no ha de ser muy grande porque nuestros genes difieren con los de los chimpancés en menos del 2%, y buena parte de esas diferencias se va en aspectos fisiológicos no relacionados directamente con el cerebro (pies y huesos adaptados para caminar en forma bípeda, brazos más cortos, tamaño y forma del cráneo, dentadura, etc.).
Por lo mismo que expuse, tampoco le adjudico al cerebro funciones mágicas. Cualquier función que tiene el cerebro humano hoy es una pequeña mejora respecto a lo que tenía ayer, que a su vez era un poquito mejor que anteayer. Cada una de esas mejoras ha sido una ventaja evolutiva real por sí misma, producto de una serie de pequeñas mutaciones y por lo tanto de una sencillez asombrosa. Lo que quiero decir con esto es que para mí el cerebro humano no tiene un área específica para la lectura, un sector dedicado a la música, otro para las finanzas, la mentira, la generosidad, las matemáticas, etc., ya que eso significaría una evolución por funciones complejas, inaccesibles para la naturaleza. Por más que los fisiólogos sigan intentando descubrir dónde tiene el cerebro almacenada la letra «A», no lo van a descubrir. Al menos no de forma universal, ya que en cada humano la van a encontrar en lugares ligeramente diferentes.
Las primeras civilizaciones datan de hace 10.000 años. Los humanos de hace 10.000 años eran genéticamente iguales a los de ahora, o sea que no es posible encontrar en los humanos actuales adaptaciones diferentes de las encontradas en nuestros ancestros. Es más, los primeros homo sapiens sapiens datan de hace 200.000 años. Por lo tanto, si hay alguna función que atribuyamos al cerebro que tenga que ver con cualquier aspecto de nuestra vida actual y que no estuviera presente en aquellas épocas, debemos atribuirla a una función aprendida (cultural) o a la reutilización de una función preexistente más simple, ya que la naturaleza no pudo haber tenido oportunidad de «preverla» en los genes.
Un hecho médico importante que apoya mi opinión de que el cerebro no tiene partes con funciones cognitivas previamente asignadas, es que pacientes a los que se les ha amputado (retirado) uno de sus hemisferios pueden pese a ello llegar controlar todo su cuerpo y, al menos en un caso documentado, llevar una vida completamente normal, casi indistinguible de la de un ser humano con el cerebro intacto. Nótese que hablo de gente a la que se le quitó la mitad del cerebro. Y a quien quiera responderme que la explicación es que el cerebro es «plástico» y reasigna las funciones, yo le preguntaré cuál es el mecanismo con el cual hace eso, ya que dicha afirmación es hueca si no tiene mínimamente un sustento teórico. Y dicha teoría debe incluir cómo es que el cerebro diferencia esas partes en un cerebro sano en primer lugar.
Para terminar con el último chorro de agua fría racional, para mí el ADN tampoco es mágico. Ahora que han terminado de secuenciar el genoma humano, los científicos estiman con bastante seguridad que nuestro ADN contiene alrededor de 23.000 genes codificadores de proteínas. Ya dije que sólo el 2% nos diferencia de los chimpancés, con lo que -haciendo una simplificación digna de un simio- sólo 460 secuencias (o proteínas) son diferentes entre las especies. Cualquier función del cerebro, por increíble y maravillosa que nos parezca, es el resultado del trabajo de ladrillos simples, uno al lado del otro, cuya aparente complejidad sólo ocurre debido a que los ladrillos se suceden en cantidades inimaginables. No busquemos la «A», la suma, la resta, la moral o la filosofía entre esas 460 proteínas. Aunque es verdad que hay otros factores aparte de las proteínas que determinan las características hereditarias del individuo, debe tomarse ese número como un indicador bastante representativo de la relativa poca complejidad del código genético humano.
Por lo tanto, mi primer hipótesis es que la función cognitiva del cerebro humano es resultado de células en su mayor parte homogéneas (neuronas piramidales), sin mayor diferenciación entre ellas que su mera posición geográfica. Las neuronas de áreas motoras, las neuronas «creativas», las neuronas «de la memoria», las neuronas de la corteza visual, del área de Broca, son esencialmente indistinguibles entre sí. Por supuesto hay otros tipo de neuronas «trabajando en equipo» con las piramidales, pero con funciones de soporte también muy básicas (como regular, coordinar, etc.) cuya diferenciación nada tiene que ver con las especializaciones de alto nivel de abstracción del que estamos hablando. Una forma de entenderlo sería imaginar los músculos de la pierna y tratar de distinguirlos de los de la mandíbula; son todos músculos, y se diferencian entre sí solamente por su forma y volumen, pero esencialmente son el mismo tipo de célula. Tendrán tendones y huesos diferentes con los que actúan, pero la codificación genética es simplemente «músculo», no importa si masticamos, hablamos, corremos o saltamos.
Ahora, si no hay diferencias, ¿por qué hay diferencias? Bueno, ya llegaremos a eso. Por ahora quedaremos aquí. Creo que por ahora cumplo con mi cuota de confusión aportada, con lo que dejo para una próxima ocasión el continuar con mis divagues acerca del funcionamiento del cerebro.
Escrito por torpe el 06/11/2010 a las 15:33 hs.
noviembre 6th, 2010 a las 19:50
Guille, las funciones como vos decis pueden ser muy basicas, quizas tengas razón, pero el sistema de relaciones entre ellas, eso si que es re-complejo segun mi punto de vista y enfocado a tu divague.
noviembre 6th, 2010 a las 19:54
Claro que sí, que el sistema de relaciones es muy complejo. Pero mi hipótesis consiste en que dicha complejidad no está programada de antemano como un mapa, sino que se da simplemente por una cuestión de abrumadora cantidad. En otras entradas me explayaré con más detalle. Saludos, Tere.