Contrapunto

Tengo algunas ideas:

Eliminar la violación seguida de muerte legalizando la violación

Es terrible ver como cientos de mujeres mueren cada año debido a que el violador debe ocultar su accionar. Fresco en la memoria de los argentinos tenemos el caso de Mauro Emilio Schechtel quien, ante la posibilidad de ser descubierto quemó viva a una niña en Coronel Dorrego.

Penas cada vez más duras proponen acciones cada vez más desesperadas a estos buenos hombres que sólo quieren satisfacer sus deseos naturales. Como sabemos, la libido es una característica evolutiva imprescindible para que se perpetúe la especie. La ley está castigando algo que es natural en el ser humano, y por lo tanto los conduce a situaciones de violencia adicional innecesaria. Además, está comprobado que sicológicamente un violador no se «cura» (y esto suponiendo que fuera una enfermedad): él siempre va a reincidir.

La reeducación del violador no es posible, y evitar que cometa crímenes tampoco, así que intentar resolver el problema por ese lado es inútil.

Pero esto tiene solución: si la violación fuera legal, el violador sólo debe elegir a su víctima, la viola en cualquier lugar mínimamente apartado (para no dar un espectáculo indecente a eventuales niños que puedan pasar por ahí) y después cada uno se va caminando a su casa. Las mujeres violadas no tendrían que sentirse mal en absoluto, ya que ser violadas sería una situación de lo más común, de la que sólo las más feas se verían exentas. Incluso el ser violada podría ser considerado un símbolo de status. «A mí me violaron ocho veces», dirá orgullosa la rubia quinceañera a su amiga «un poco entrada en carnes» que sólo fue violada una vez, por su primo.

En todo caso, lograríamos evitar  muchas muertes de mujeres a manos de su violador.

¿Ridículo? Tengo otra idea:

Eliminar la pobreza de raíz matando a los pobres

Todos sabemos que en el mundo hay pobreza. Esto ha sido inevitable desde el inicio de los tiempos. Pero, ¿es inevitable hoy, en esta sociedad moderna del siglo XXI? Gente que sufre en las villas miserias vidas horribles, hundidas en el paco y otras drogas, a merced de los narcotraficantes y políticos de turno; niños malnutridos que sólo sobreviven para luego mendigar en las calles y caer en el robo y la prostitución. Ciudades afeadas por horribles barrios marginales.

Todo esto tiene una solución muy sencilla: matemos a los pobres. Podemos utilizar napalm, gas mostaza o simplemente nafta, ya que afortunadamente los pobres tienden a agruparse en villas de emergencia altamente combustibles, lo que facilita la eliminación global. Esto tendría varios efectos secundarios muy deseables, como por ejemplo disminuir la cantidad de residuos que se generan en cada ciudad (mejor para la ecología), o eliminar los enormes subsidios y gastos que asociados a la asistencia social (mejor para la economía). Pero principalmente acabaría con la desdicha y el sufrimiento de esas pobres gentes.

¿Ridículo? Tengo otra idea:

Eliminar los embarazos no deseados matando al feto

Todos los que somos padres de una o más hijas conocemos uno de los miedos más ancestrales, presente entre nosotros desde que el hombre se organiza en sociedades: que nos embaracen a nuestra hija fuera del matrimonio. O lo hemos vivido de jóvenes: «¿La habré dejado embarazada?» «¿Me voy a tener que casar con esta ploma?». Y las mujeres a partir de cierta edad también lo han vivido. «¿Se habrá cuidado correctamente?» «Estoy embarazada pero no sé si es de él… ¿y si no se le parece?». El terrible efecto que produciría un bebé en nuestro estándar de vida (cambiar pañales, darle de comer, no poder ir al cine o salir a bailar) justifica cualquier acción que podamos realizar para evitarlo. ¿Cómo van a comparar mis asaditos del domingo, reales, concretos, con su muy muy hipotética existencia?

Por más educación sexual que nos den, no se podrá evitar que nosotros, en un momento de calentura, obviemos el preservativo porque no nos es cómodo, porque corta el clima o simplemente porque «no da». Además, ningún método anticonceptivo es ciento por ciento seguro, así que nosotros nos merecemos ¡reclamamos! una alternativa para cuando la apuesta nos salió mal.

Desgraciadamente la ley argentina de hoy no permite eliminar ese cacho de carne, ese coágulo que se forma en la panza de nuestras hijas y novias. Sin embargo, esto no logra evitar que de todas formas hagamos lo correcto y concurramos a lo de algún carnicero o carnicera que realice el trabajo «con discreción». El problema es que, por la clandestinidad impuesta sobre este acto, estos carniceros no están adecuadamente preparados y ponen en riesgo la vida de nuestras mujeres.

Esto tiene una solución muy sencilla: legalicemos el aborto. Las mujeres sólo tienen que ir a un hospital o clínica y, con veinte o treinta minutos de intervención, el asunto se arregla con todas las garantías que puede dar la ciencia moderna.

Los que están en contra de esto argumentan que hay que proteger «la vida por nacer». ¿Quiénes son ellos para definir lo que es vida y lo que no lo es? Yo soy el único que puede definirlo, porque yo lo sé: la vida se cuenta a partir de que se forma el cerebro, lo cual es con seguridad después de los tres meses de gestación. Y, como yo soy el que decide (al fin al cabo es mi hija, mi novia, mi asado), mi definición de vida es la única que vale.

Otros argumentan que ese manojo de fibras, cartílagos y mucosidad tiene un alma, porque ellos «creen en Dios». Yo, en cambio, sé perfectamente que Dios no existe (realicé los experimentos científicos de rigor) y, por lo tanto, tampoco puede existir un alma que proteger.

Es evidente que ese (supuesto) bebé nacería en un mundo hostil; que nadie lo querría y que si lo dejáramos en manos del Estado seguramente terminaría quemado por el napalm en alguna villa de emergencia. Claramente, las posibilidades que abre la existencia no justifican el sufrimiento al que se lo sometería. Ese hipotético bebé seguro que no va a ser un Mozart o un Einstein, así que no se puede esperar que realice ningún aporte útil a mi humanidad. Además, ¿para qué gastar napalm en algo así?

¿Ridículo? Tengo otra idea…

Inspirado afanosamente en el cuento de Philip K. Dick, «Las prepersonas» (La Mente Alien, ISBN 978-950-581-582-1).

Escrito por torpe el 06/10/2008 a las 16:00 hs.

Hay 3 comentarios para “Contrapunto”

  1. Iris Fernández dice:

    Con tanta gente que se muere de hambre, prohibamos el hambre.
    Con tanta gente que se droga con pegamento, prohibamos el pegamento.
    Con tanta gente que se muere en accidentes de tránsito, prohibamos los autos.
    Yo estoy en contra del aborto, pero a favor de controlarlo y luchar contra él de diversos modos. ¿Se puede controlar algo clandestino tanto como algo legal?

  2. torpe dice:

    Si por control te referís a que no suceda, legalizarlo sería un poco contraproducente. Si por control querés decir que se realice en condiciones médicas óptimas, entonces estarías diciendo que estás *a favor* del aborto, no en contra.

  3. ailailai dice:

    Torpe, esta entrada es sencillamente BRILLANTE.

    Un beso

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