pagar y que me den los billetes, las monedas y los tickets todo junto, o bien que me devuelvan la tarjeta de débito, el documento y me den el comprobante para firmar y la birome todo al mismo tiempo. ¿No sería mejor que me los den de a uno, para que no tenga que hacer un bollo con todo y metérmelo en el bolsillo?
Cualquiera
Categorías: Medios y publicidad
Etiquetas: Clarín, cualquiera, información falsa, Vaticano

…viene a ser la forma elegante de decir «la noticia que dimos el otro día es cualquier banana«.
Escrito por torpe el 03/08/2009 a las 22:28 hs.
Pregunta…
¿Por qué les dicen «comida agridulce» a platos que casi nunca tienen un componente agrio en su sabor?
Me encanta…
que cada vez que llamo al Servicio Meteorológico Nacional con una pregunta esotérica para mi laburo siempre me responden con la posta.
Reflexión:
El fútbol es el opio de los pueblos…
La raíz cuadrada
Categorías: Sociedad
Etiquetas: América, conquista de América, cultura, españoles, Europa, guaraníes, indígena, indio, mapuches, raíces
Conocí una vez una mujer quien, toda emocionada, me hablaba de las culturas indígenas de la Patagonia, y en particular de los mapuches. Extrañado, le pregunté por qué le interesaba tanto el tema, y me respondió: «porque ellos son mis raíces». Siendo que ella tenía ascendencia española, alemana y guaraní, no hubo forma de hacerle entender que mapuches y guaraníes no tienen nada que ver, y que es lo mismo confundir mapuches con guaraníes que confundir franceses con polacos (quienes curiosamente sí tuvieron algo que ver entre sí porque Polonia fue una vez gobernada por un francés). Por todo lo que sabemos, si guaraníes y mapuches se hubieran conocido en épocas anteriores a la dominación europea, se habrían matado a flechazos.
Se nos mezclan las miradas. Unir a guaraníes y mapuches es un vicio que nace de mirar a ambas culturas con el mapa de la dominación europea en mente. Es decir, lo único que unió a esas culturas fue precisamente la línea de tinta dibujada sobre un mapa por una pluma española (los guaraníes se vieron afectados también por los portugueses, pero los mapuches no). Asociar unos con otros hasta podría llegar a ser ofensivo.
El típico porteño tiene más que ver con los españoles y los italianos (es decir, con la cultura europea) que con cualquier cultura indígena del continente americano. Por más que a algunos esto les llene de culpa, tenemos más que ver con la música clásica, la ópera o la zarzuela que con el carnavalito. Aunque por supuesto hay muchísimos habitantes de Buenos Aires con verdadera ascendencia indígena y, quién sabe, alguno tendrá un abuelo mapuche y una abuela guaraní.
Incluso tomando la expresión «raíces» en un sentido amplio, muchas de esas culturas (como la Mapuche) han tenido poca o nula influencia en la idiosincrasia del porteño actual. Es verdad que la cultura del porteño es compleja y se alimenta de muchas fuentes, pero estoy seguro de que las europeas son claramente predominantes.
Por supuesto, esto no implica que uno no pueda apreciar las culturas que habitaron y aún habitan la región que hoy llamamos Argentina. Tengo una amiga con ascendencia holandesa a la que le interesa mucho la cultura mapuche y aprendió a amarla, pero no la he oído decir que ellos «son sus ancestros». También es sano conocer y respetar esas culturas que conviven con la propia y forman parte de la estructura política y social que llamamos nuestro país. Incluso se puede llegar al extremo de adoptar la cultura ajena por convicción (como quien se convierte a una religión), pero eso sería siempre y cuando se haga conociendo realmente dicha cultura, y no una idea romántica idealizada que nos hicimos de ella.
Es innegable el destrozo cultural y humano que hicieron los europeos al plantarse en América, y eso genera mucha culpa a aquellos de sus descendientes con algo de conciencia al respecto. Eso no se puede deshacer de ninguna manera, ni siquiera pretendiendo reivindicar el valor de esas culturas; el que tienen y el que no tienen. Los indígenas no necesitan que además les endilguemos el quiénes somos: nuestras raíces son las que tenemos, no las que quisiéramos tener. Podemos honrar nuestras raíces si nos gustan, o reprobarlas completamente, pero me parece un poco tonto honrar raíces ajenas pretendiendo que fueran las nuestras.
Escrito por torpe el 11/07/2009 a las 10:43 hs.
Tubular Bells, de Mike Oldfield
Categorías: Música, Yo recomiendo
Etiquetas: Crítica, El Exorcista, Mike Oldfield, Música, Tubular Bells, Virgin Records
Hoy recomiendo escuchar Tubular Bells, de Mike Oldfield.
Tubular Bells es un disco lanzado en el año 1973 con música considerada «rock progresivo» y que consta de dos partes, cada una dividida en unos 5 ó 6 «movimientos». El comienzo de la primera parte es el más conocido, ya que se utilizó para la banda de sonido de la película «El Exorcista«.
No soy músico y no sé de teoría musical realmente, pero no hay parte del disco que no me haga sacarme el sombrero. Los arreglos, la expresión y la composición parecen propios del trabajo cumbre de un talentoso músico con una larga carrera, acompañado por una banda de virtuosos intérpretes. Lo curioso es que Mike Oldfield compuso la música creando un concepto completamente nuevo y tocó él mismo casi todos los instrumentos del disco antes de cumplir los 20 años. Y la lista no es corta: guitarras acústicas, guitarras eléctricas, guitarra española, bajo eléctrico, órganos electrónicos, flageolet, glockenspiel, piano «honky tonk» (piano con cuerdas ligéramente desafinadas), mandolina, gran piano, voz, percusión, timbales, violín y, por supuesto, campanas tubulares; en total, más de veinte instrumentos. Sólo lo ayudan otros músicos con coros, contrabajo, flautas y más percusión.
La primera parte del disco empieza con una sutil melodía de piano y campanillas generando el clima, con frases e instrumentos que se van agregando unos sobre otros en un tono que a mí me gusta definir como inspirador y apacible (aunque debido a la película El Exorcista muchos lo asocian con algo tenebroso). Luego de una ruptura propuesta por el piano, sigue una melodía fuerte liderada por guitarras eléctricas («lévemente distorsionadas»). Una nueva situación de descanso intermedio, aunque no relajada, propuesta por guitarras y un órgano preceden a una nueva sección calma que reaprovecha la melodía original, con una guitarra acústica incorporando una nueva melodía al segmento. Nuevos movimientos se producen, liderados respectivamente por una guitarra clásica, guitarras eléctricas, un coro, otra vez guitarras eléctricas y finalmente, anunciada por una campana y precedida por una base de bajos, la sección principal de la primera parte, que es donde se presentan los instrumentos más destacados del disco utilizando una melodía básica. La voz del presentador es de Vivian Stanshall, un excéntrico artista y músico que se encontraba casualmente en el estudio y grabó la presentación a pedido de Oldfield. Los instrumentos presentados son: gran piano, órganos de tubo y de caña, glockenspiel, bajo, guitarra al doble de velocidad, dos guitarras levemente distorsionadas, mandolina, guitarras clásica y acústica y campanas tubulares. Esta primera parte del disco finaliza luego de un clímax entre el coro y las campanas, con una guitarra que interpreta la melodía en forma suave y dulce, a modo de cierre.
La segunda parte comienza con las guitarras y un órgano con una melodía ya en suave tensión («empezada», la describiría yo). Luego la tensión cede un poco y se produce una secuencia bastante pacífica entre guitarras y mandolina. Sigue una parte aún más tranquila con una guitarra y un órgano, a las que se le suman un coro y una mandolina; esto es interrumpido por las guitarras eléctricas y los timbales que anuncian la sección más fuerte de la segunda parte: una especie de canción interpretada por un hombre de las cavernas, en la voz de Mike Oldfield. Los lamentos y protestas del cavernícola son finalizados abruptamente con una sección de muchísima calma, tocado entre guitarras y órganos. Por último, anunciado por las últimas notas del órgano, viene la única parte del disco que no fue compuesta por Oldfield; una versión de Sailor’s Hornpipe (un tema tradicional de Gran Bretaña) interpretada por el músico con increíble destreza en todos los instrumentos.
El disco en sí es una gran desfachatez de parte de Mike Oldfield. Con un muy sutil sentido del humor, mezcla estilos de gran seriedad con secciones simplemente jocosas (aunque no por eso menos valiosas musicalmente). Como les sucede a menudo a las grandes obras innovadoras, le resultó casi imposible a Mike Oldfield interesar a las discográficas de su época en el proyecto; se necesitó que un gran visionario cree una nueva compañía discográfica (nada menos que la ahora internacional Virgin Records) para editar Tubular Bells como su primer disco, que alcanzó el primer puesto de ventas en Gran Bretaña y fue aplaudido por la prensa especializada.
Desgraciadamente, así de talentoso como es, Mike Oldfield parece carecer de autocrítica, por lo que muchos de los numerosísimos discos que siguieron a éste fueron de pobres para malos (aunque aún hay varios excelentes a mi parecer, como Crises y Platinum). Especialmente me disgustaron las múltiples reediciones y reinterpretaciones de Tubular Bells, llamadas «Tubular Bells II», «Tubular Bells III», «The Orchestral Tubular Bells», «Tubular Bells 2003», «Tubular Bells 2009» y «The Millenium Bell». Pero nada de esto le quita valor al disco original, que ha sido aclamado por propio mérito.
Los dejo con un extracto del disco (el inicio, la parte más conocida) a modo de introducción:
Escrito por torpe el 09/07/2009 a las 20:40 hs.
Me encanta…
Le singe bleu (de «L’Apocalypse des animaux«), de Vangelis.
Pregunta…
¿Por qué el puente de mando de las naves espaciales está construido siempre en el lugar más vulnerable y al menor impacto vuelan chispas por todos lados? ¿No podrían construirlos en un lugar más protegido?
Pregunta…
¿Por qué en «Dr. House» cuando alguien colapsa los que lo acompañan siempre gritan «¡llamen al 911!» en vez de pelar el ellos maldito celular? ¿Tan cara es la llamada?