16/01/2009

Confirmado: los hombres son de Marte

Categorías: Medios y publicidad, WTF
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Es muy criticado el popular libro de John Gray «Los hombres son de Marte y las mujeres son de Venus», ya que se lo acusa de basarse en estereotipos y visiones discriminativas sobre la mujer. Sin embargo, al menos la mitad de la afirmación parece ser cierta ya que (y es nota de Clarín, nada menos) se han hecho ya varios descubrimientos derivados de tal hipótesis. Incluso la NASA (¿quién más habilitado que ellos para hablar de Marte?) ha publicado sus hallazgos sobre la sexualidad humana en relación al Planeta Rojo. Si no, miren:

Captura de la nota en Clarín.com que mezcla las noticias del descubrimiento de metano en Marte con revelaciones sobre que el creador de la muñeca Barbie era adicto al sexo.

Es un orgullo saber que argentinos han participado de los descubrimientos, aunque sean medio pedorros como éstos…

Escrito por torpe el 16/01/2009 a las 06:58 hs.

Pregunta…

¿Por qué el Hospital Alemán está lleno de pacientes chinos, japoneses y coreanos?

Me molesta…

la interminable sarta de publicidades de Oral-B y Colgate en los canales de cable.

Humor

«Yo pertenezco a la tribu urbana de los que dicen no pertenecer a ninguna tribu urbana».

Humor

Édith Piaf es alguien que se resbala con una cáscara de banana.

11/11/2008

El tercer hombre

Categorías: Internet
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El desarrollo de un sitio web es una actividad muy nueva, que tiene todavía mucho espacio para madurar. Hasta que todos los roles y procesos se acomoden van a pasar largos años, especialmente mientras la tecnología y los estándares estén tan verdes.

Para los que tocan de oído en este tema, déjenme contarles que la producción de un sitio web comprende varias etapas, desde la concepción hasta la implementación. Parte (y sólo parte) del proceso es la creación de las páginas en sí, la parte visible del sitio, la parte que «sucede» entre el servidor y el navegador, y en el navegador mismo. Específicamente en la creación de las páginas, hay dos etapas muy claras: el diseño visual, realizado por un diseñador gráfico, y la incorporación de los datos dinámicos, por parte de uno o más programadores.

¿Y cuál es el problema?

Simplificar trae sus problemas, así que cuando miramos el proceso un poco más de cerca, descubrimos un paso intermedio, casi una formalidad, que muchos consideran una zona gris entre el diseño y la programación: el maquetado. El maquetado consiste en crear un esqueleto estático de la página en formato HTML+CSS según lo determinado por el diseñador. Esta maqueta sirve al programador de plantilla, quien le agrega luego la parte dinámica provista por el programa.

La pregunta es: ¿quién debe hacer el maquetado? Hay varios argumentos a considerar:

El diseñador no debe hacerlo porque:

  • Los diseñadores encuentran difícil entender todas las sutilezas y variaciones de los lenguajes de marcado. Se trata de una organización altamente estructurada y técnica, que se pelea fuertemente con la «soltura» creativa en la que deben sumergirse para realizar el diseño apropiadamente.
  • Los diseñadores consideran que la tarea está muy alejada de su profesión: ellos estudiaron morfología, semiología, comunicación, órdenes epistemológicos, etc., y su formación es -hasta cierto punto- independiente del medio en el que se expresen (web, revistas, libros, packaging, etc.).

A su vez, el programador no debe hacerlo porque:

  • Los programadores, por su parte, están generalmente especializados en un lenguaje imperativo (Java, PHP, Python, C#, Ruby, etc.), y -cuando no lo conocen en profundidad- encuentran el HTML «soso» o incluso «simplón».
  • Además, «volcar» el diseño a HTML+CSS implica entender el diseño propuesto hasta cierto punto, y los programadores encuentran difícil (y aburrido) interpretar las -a veces inexistentes- indicaciones del diseñador respecto de la relación y jerarquía entre los distintos componentes visuales.
  • Por último, el armado conlleva la utilización de programas como Photoshop para crear las imágenes necesarias, programas con los que suelen estar más familiarizados los diseñadores que los programadores.

Se da entonces una discusión bastante graciosa a mi entender, en la que programador y diseñador se miran con recelo y se señalan mutuamente diciendo «el maquetado lo tenés que hacer vos». Por alguna razón que no entiendo, ambos esperan que sea el otro quien realice la tarea. Voy ahora a explicar por qué pienso que ninguna de las dos posiciones es correcta; que se trata de una falsa dicotomía y que en realidad existe una tercera posición: el maquetador es otra persona.

El proceso de creación de la página es más complejo

Para mí, el staff ideal para desarrollar una página web requiere de cuatro personas o roles: un líder o responsable de proyecto, un diseñador gráfico, un maquetador y un programador. Y las etapas no son dos, ni tres; hay cuatro etapas en la producción de la página, a saber:

  1. Diseño de interfaz – Realizado hasta cierto punto por todos en conjunto.
  2. Diseño gráfico – Realizado por el diseñador gráfico.
  3. Maquetado web – Realizado por el maquetador web.
  4. Programación – Realizada por el programador.

El diseño de interfaz

El diseño de interfaz es la parte donde se decide qué elementos habrá en la página y cómo se comportarán. Es un momento muy importante de la producción, ya que en él se plantea cómo va a realizar el usuario las distintas acciones, con qué herramientas contará, qué funcionalidades específicas de web se le adicionarán a la aplicación, etc. Bien hecho, es un trabajo conjunto entre el líder de proyecto, el programador, el maquetador y el diseñador. Se decide si se van a utilizar botones, input boxes, radio buttons, AJAX, RSS, pingbacks, trackbacks, preferencias en cookies, etc., y cómo se van a utilizar. Se discutirán conceptos de usabilidad y accesibilidad.

Aunque el diseño de interfaz es un trabajo de los cuatro, algunos tendrán más responsabilidad que otros, siendo el diseñador el responsable final de esta etapa. Éste debe tener alguna especialización en el área de diseño de interfaces de web, ya que debe conocer no sólo lo que es posible, sino también cómo aprovechar los elementos para producir la comunicación que se desea obtener. El líder de proyecto tendrá en claro los objetivos aplicativos a cumplir. El programador y el maquetador darán sus visiones sobre la factibilidad técnica, incluyendo por ejemplo sus análisis del impacto sobre la performance. Finalmente, el maquetador aportará su conocimiento sobre el lenguaje Web.

Aclaro que cuando digo lenguaje Web no estoy hablando de los lenguajes descriptivos de la página (HTML+CSS), sino que hablo de las características funcionales que tienen las páginas para insertarse en el mundo Web moderno (2.0, por el momento): interoperabilidad (RSS, pingbacks, microformatos), accesibilidad, etc.

El diseño gráfico

Luego de aprobarse el diseño de interfaz, se procede al diseño gráfico. Éste es realizado exclusivamente por el diseñador, quien lo realiza generalmente en una herramienta que ofrezca la máxima flexibilidad gráfica; es decir, el diseñador debe poder mover, alterar y acomodar los elementos sin limitaciones hasta quedar conforme. Eso implica que no se puede utilizar una herramienta que obligue a pensar en HTML (ej: Dreamweaver), sino que se utilizará una herramienta de estilo libre, como Photoshop o mejor aún Fireworks. Una vez obtenido y preaprobado el diseño preliminar, el diseñador deberá reunirse con el maquetador para ponerse de acuerdo sobre lo siguiente:

  • Conveniencia técnica y relevancia de cada elemento gráfico: aquí se sopesan la dificultad técnica y recarga de performance (peso y capacidad de procesamiento) asociada a cada rasgo del diseño, y se evalúa si es necesario mantenerlo o replantear su utilización.
  • Comportamiento de los elementos en diferentes situaciones: se plantean diferentes escenarios, evaluando qué debe pasar si una palabra o frase queda demasiado larga, cómo deben interactuar los márgenes cuando los elementos cambian de orden, cómo deben modificarse los elementos ante diferentes tamaños de pantalla, etc.

El maquetado

Cuando ya hay consenso sobre el diseño, debe producirse el maquetado. Ésta es una etapa increíblemente subestimada y a la vez muy importante. En ella se vuelcan los elementos gráficos a un formato compatible con Web, teniendo en cuenta el lenguaje Web. Esto es, no sólo el maquetado debe producir código HTML y CSS válidos (utilizando también JavaScript cuando sea necesario), sino que además debe elaborar un producto que contenga todos los elementos necesarios para que sea una página web profesional:

  • Accesibilidad: uso de ALT, TITLE, accesos directos, marcado específico.
  • Interoperabilidad: microformatos, RDF, marcación en header.
  • Escalabilidad: estructura adecuada, estrategias de organización de clases.
  • Compatibilidad: soporte de navegadores.
  • Semántica: utilización apropiada de tags.
  • Performance: minimización de código y cantidad de requerimientos al servidor (round trips).
  • Otros: hoja de estilos para impresora, SEO.

La programación

Finalmente, el programador realiza la parte más fácilmente comprendida del proceso, aunque por supuesto no por eso la más sencilla, que consiste en utilizar la maqueta HTML como plantilla para los programas que generan el contenido dinámico.

Conclusión

Lo que acabo de exponer es una enorme simplificación del proceso, aunque creo que da una idea más clara de cuál es el rol que veo en el maquetador. Su trabajo es muy complejo, muy técnico y requiere una alta especialización, estar al día con los cambios y tendencias (nuevamente menciono los microformatos, nuevos navegadores, nuevos estándares), conocer deficiencias de los navegadores actuales y cómo subsanarlas o cómo éstas afectarán a la aplicación, tendencias en el tamaño de la pantalla, SEO, en fin… miles de pequeños detalles que hacen del maquetador un profesional por propio derecho, sin el cual los resultados obtenidos serán sin duda pobres o incompletos.

El no tener un maquetador profesional en el equipo de desarrollo suele traer uno o varios de los siguientes problemas con la página a desarrollar:

  • No valida correctamente, por lo que se ve en menos navegadores, tiene menos Page Rank en Google, etc.
  • Es pesada, ya sea en tamaño, round trips al servidor o simplemente en uso de CPU al ser desplegada en el navegador. Todo esto empobrece la experiencia del usuario.
  • No es accesible, y como mínimo es incómoda en algún aspecto.
  • Hace mal uso o desaprovecha el marcado en el header, por lo que obtiene menos Page Rank en Google del esperado.
  • No respeta estándares y rompe la semántica: una vez más, tiene menos Page Rank en Google, pero ése es sólo el principio de los problemas que esto trae.
  • Se ve o se siente como un «bicho raro» en la web, porque no respeta códigos a los que el usuario está acostumbrado. El usuario no se encuentra cómodo y no puede utilizar herramientas que considera útiles (autocompletadores, ruedita de scroll del mouse, modos de visualización de su navegador, accesos directos de teclado, gestures, etc.).
  • Es difícil de mantener, aún siendo dinámica. Por ejemplo, el archivo CSS es incomprensible; cualquier pequeña modificación o agregado conlleva mucho más esfuerzo del necesario.
  • La compatibilidad en navegadores es pobre, dejando a muchos usuarios afuera (siempre más de los necesarios).
  • Carga en un orden inapropiado. Por ejemplo, el usuario puede ver las barras y menús utilitarios mucho antes que el contenido principal de la página.
  • No se ve bien al imprimirla, o imprime información innecesaria, dejando afuera información que sería realmente útil en la versión impresa.
  • No aprovecha todas las posibilidades de interoperabilidad que ofrece la web.

Escrito por torpe el 11/11/2008 a las 20:18 hs.

07/11/2008

La triste consecuencia

Categorías: Personal, Sociedad
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Cuando se produce un divorcio con hijos, forzosamente se dan dos separaciones: la de la pareja y la de uno de los padres (o de los dos) con los hijos. Al terrible dolor que causa la separación de la pareja, que comprende desde los sueños rotos hasta la herida narcisista, se suma otro que además de profundo se siente arbitrario y absurdo. ¿Por qué si me separo de mi pareja tengo que separarme también de mis hijos? Es inevitable, ya sé, pero se siente ridículo. ¿Qué tienen que ver mis hijos en todo esto?

En algunos casos la separación no sucede; una situación típica es que la madre «se queda» con los hijos y el padre los visita regularmente. En este caso, la madre no se separa de los hijos. Pero el padre sí. Otra situación posible es que los niños vivan en tiempos alternados con uno y otro padre. Más allá de todos los trastornos no triviales que esto traería a los niños (como por ejemplo, el no tener un lugar que puedan llamar «suyo»), esta situación parece en teoría permitir que ninguno de los dos padres se separe de los niños. Pero desgraciadamente la separación sí sucede, y para todos.

Cuando uno es padre quiere estar ahí cuando su hijo lo necesita. Y eso no sucede de lunes a miércoles. Sucede en cualquier momento. Uno cancela viajes, vacaciones, cursos, siestas y minutos de inodoro cuando su hijo lo necesita. Y uno quiere hacerlo. Repartir la paternidad en días de la semana (o peor, en visitas los fines de semana) no alcanza ni un poquito.

Y es que si no tenés a tus hijos todos los días, es como si te los quitaran un poco. O mucho. Y eso duele terriblemente.

Escrito por torpe el 07/11/2008 a las 22:21 hs.

Humor

¿No lo tienen podrido las fotos de Bush «pensativo»?

06/10/2008

Contrapunto

Categorías: Sociedad
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Tengo algunas ideas:

Eliminar la violación seguida de muerte legalizando la violación

Es terrible ver como cientos de mujeres mueren cada año debido a que el violador debe ocultar su accionar. Fresco en la memoria de los argentinos tenemos el caso de Mauro Emilio Schechtel quien, ante la posibilidad de ser descubierto quemó viva a una niña en Coronel Dorrego.

Penas cada vez más duras proponen acciones cada vez más desesperadas a estos buenos hombres que sólo quieren satisfacer sus deseos naturales. Como sabemos, la libido es una característica evolutiva imprescindible para que se perpetúe la especie. La ley está castigando algo que es natural en el ser humano, y por lo tanto los conduce a situaciones de violencia adicional innecesaria. Además, está comprobado que sicológicamente un violador no se «cura» (y esto suponiendo que fuera una enfermedad): él siempre va a reincidir.

La reeducación del violador no es posible, y evitar que cometa crímenes tampoco, así que intentar resolver el problema por ese lado es inútil.

Pero esto tiene solución: si la violación fuera legal, el violador sólo debe elegir a su víctima, la viola en cualquier lugar mínimamente apartado (para no dar un espectáculo indecente a eventuales niños que puedan pasar por ahí) y después cada uno se va caminando a su casa. Las mujeres violadas no tendrían que sentirse mal en absoluto, ya que ser violadas sería una situación de lo más común, de la que sólo las más feas se verían exentas. Incluso el ser violada podría ser considerado un símbolo de status. «A mí me violaron ocho veces», dirá orgullosa la rubia quinceañera a su amiga «un poco entrada en carnes» que sólo fue violada una vez, por su primo.

En todo caso, lograríamos evitar  muchas muertes de mujeres a manos de su violador.

¿Ridículo? Tengo otra idea:

Eliminar la pobreza de raíz matando a los pobres

Todos sabemos que en el mundo hay pobreza. Esto ha sido inevitable desde el inicio de los tiempos. Pero, ¿es inevitable hoy, en esta sociedad moderna del siglo XXI? Gente que sufre en las villas miserias vidas horribles, hundidas en el paco y otras drogas, a merced de los narcotraficantes y políticos de turno; niños malnutridos que sólo sobreviven para luego mendigar en las calles y caer en el robo y la prostitución. Ciudades afeadas por horribles barrios marginales.

Todo esto tiene una solución muy sencilla: matemos a los pobres. Podemos utilizar napalm, gas mostaza o simplemente nafta, ya que afortunadamente los pobres tienden a agruparse en villas de emergencia altamente combustibles, lo que facilita la eliminación global. Esto tendría varios efectos secundarios muy deseables, como por ejemplo disminuir la cantidad de residuos que se generan en cada ciudad (mejor para la ecología), o eliminar los enormes subsidios y gastos que asociados a la asistencia social (mejor para la economía). Pero principalmente acabaría con la desdicha y el sufrimiento de esas pobres gentes.

¿Ridículo? Tengo otra idea:

Eliminar los embarazos no deseados matando al feto

Todos los que somos padres de una o más hijas conocemos uno de los miedos más ancestrales, presente entre nosotros desde que el hombre se organiza en sociedades: que nos embaracen a nuestra hija fuera del matrimonio. O lo hemos vivido de jóvenes: «¿La habré dejado embarazada?» «¿Me voy a tener que casar con esta ploma?». Y las mujeres a partir de cierta edad también lo han vivido. «¿Se habrá cuidado correctamente?» «Estoy embarazada pero no sé si es de él… ¿y si no se le parece?». El terrible efecto que produciría un bebé en nuestro estándar de vida (cambiar pañales, darle de comer, no poder ir al cine o salir a bailar) justifica cualquier acción que podamos realizar para evitarlo. ¿Cómo van a comparar mis asaditos del domingo, reales, concretos, con su muy muy hipotética existencia?

Por más educación sexual que nos den, no se podrá evitar que nosotros, en un momento de calentura, obviemos el preservativo porque no nos es cómodo, porque corta el clima o simplemente porque «no da». Además, ningún método anticonceptivo es ciento por ciento seguro, así que nosotros nos merecemos ¡reclamamos! una alternativa para cuando la apuesta nos salió mal.

Desgraciadamente la ley argentina de hoy no permite eliminar ese cacho de carne, ese coágulo que se forma en la panza de nuestras hijas y novias. Sin embargo, esto no logra evitar que de todas formas hagamos lo correcto y concurramos a lo de algún carnicero o carnicera que realice el trabajo «con discreción». El problema es que, por la clandestinidad impuesta sobre este acto, estos carniceros no están adecuadamente preparados y ponen en riesgo la vida de nuestras mujeres.

Esto tiene una solución muy sencilla: legalicemos el aborto. Las mujeres sólo tienen que ir a un hospital o clínica y, con veinte o treinta minutos de intervención, el asunto se arregla con todas las garantías que puede dar la ciencia moderna.

Los que están en contra de esto argumentan que hay que proteger «la vida por nacer». ¿Quiénes son ellos para definir lo que es vida y lo que no lo es? Yo soy el único que puede definirlo, porque yo lo sé: la vida se cuenta a partir de que se forma el cerebro, lo cual es con seguridad después de los tres meses de gestación. Y, como yo soy el que decide (al fin al cabo es mi hija, mi novia, mi asado), mi definición de vida es la única que vale.

Otros argumentan que ese manojo de fibras, cartílagos y mucosidad tiene un alma, porque ellos «creen en Dios». Yo, en cambio, sé perfectamente que Dios no existe (realicé los experimentos científicos de rigor) y, por lo tanto, tampoco puede existir un alma que proteger.

Es evidente que ese (supuesto) bebé nacería en un mundo hostil; que nadie lo querría y que si lo dejáramos en manos del Estado seguramente terminaría quemado por el napalm en alguna villa de emergencia. Claramente, las posibilidades que abre la existencia no justifican el sufrimiento al que se lo sometería. Ese hipotético bebé seguro que no va a ser un Mozart o un Einstein, así que no se puede esperar que realice ningún aporte útil a mi humanidad. Además, ¿para qué gastar napalm en algo así?

¿Ridículo? Tengo otra idea…

Inspirado afanosamente en el cuento de Philip K. Dick, «Las prepersonas» (La Mente Alien, ISBN 978-950-581-582-1).

Escrito por torpe el 06/10/2008 a las 16:00 hs.

11/09/2008

Incoherencias coherentes

Categorías: País y ciudad
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Leo en Clarín.com:

El Gobierno se defendió con ataques: dijo que Antonini es «un delincuente» y que el caso es una «operación armada» por el FBI

Digo yo: si el FBI es tan poco confiable, ¿por qué lo llamamos para que ayude en las investigaciones cada vez que queremos mostrar transparencia? ¿Eh?

Escrito por mal pensado el 11/09/2008 a las 15:02 hs.